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Toma de contacto JOYNER MATADOR 650
27/10/07
 

 

 

El pasado 22 de septiembre, un día antes de la concentración de Sta Coloma tuve la oportunidad de conocer en persona a Daniel Martínez, responsable de JOYNER en España. Habíamos hablado por teléfono en diversas ocasiones sobre su producto estrella, el MATADOR 650, pero sin duda alguna la mejor forma de conocer su buggy era ir a probarlo.

   
 
Tenía mucho interés en conocer de primera mano el resultado del MATADOR 650, ya que, no creo que lo dude nadie, es uno de los buggies más nombrados en los foros y revistas especializadas.

 

Quería comprobar si esto se debía a una muy buena acción comercial o a unos merecidos comentarios.

 

Mi intención era probar el vehículo y tener una toma de contacto para poder hablar del producto con conocimiento de causa. Mi primera sorpresa fue que Daniel Martínez me tenía preparado un MATADOR 650 en exclusiva para mí y que lo ponía en mis manos sin miedo alguno, sabiendo de antemano que me gustaría, como así fue y os iré contando. Él tenía otro MATADOR para él.

 

Mi primera sensación realmente superó con creces mis expectativas. El buggy parado ya irradia fuerza, presencia y seguridad. Revisé los acabados, la tortillería y los ajustes del motor y descubrí gratamente que el conjunto prometía.

 
 

El habitáculo es increíblemente grande y espacioso. Sabía de antemano que no tendría problemas para entrar y para asentar, lo que empiezan a ser mis ya conocidos más de 1,90 metros , pero sinceramente no me esperaba que fuera tan amplio. Incluso os puedo decir que el asiento tipo baquet no lo llevaba en la posición más alejada del volante. Los asientos son muy confortables y recogen a la perfección, de hecho no me importaría llevármelos a algún que otro turismo.

 

El volante es un poco más grueso de lo habitual y permite agarrarte con mayor firmeza. Noté que giraba con suma facilidad y según me explicó el propio responsable de JOYNER, se debía a la desmultiplicación de la dirección.

 

Los faros delanteros cromados recuerdan a los originarios buggies americanos. El campo de visión delantero es amplio, pero los espejos los encontré pequeños y no controlaba bien la parte trasera.

 

Finalmente me explicó el funcionamiento general del vehículo y nos pusimos en marcha mirando al cielo con cierto recelo, se avecinaba una tormenta.

 

Tenía ganas de probar las marchas y ver cómo respondía a los cambios en ruta. Os tengo que decir que los cambios son muy directos y rápidos, tanto que en alguna ocasión dudaba si había cambiado o no. Una vez que haces unos cuantos cambios, la conducción es realmente sencilla y divertida. No es necesario ir cambiando todo el rato ya que el motor rinde bastante y si aguantas la marcha acaba empujando el conjunto sin problemas. En cuanto al sonido es muy grave y envolvente, dándote una seductora sensación de potencia.

 

Empezamos a dar unas cuantas vueltas de reconocimiento para hacerme con el vehículo, y os puedo decir que la conducción es algo diferente a lo habitual.

 
 
Es un buggy ligero por la parte delantera, con la mayor parte del peso en la parte trasera, dirección desmultiplicada y transmisión directa (sin diferencial). Esto se transmite en una sensación inicial de descontrol y tendencia al subviraje, pero una vez que empiezas a aprender a controlarlo, jugando a anticiparte a las curvas, haciendo manos con el volante y ajustando las marchas, la sensación cambia a una conducción en la que la adrenalina fluye a raudales.

 

Me comenta Daniel, que esta sensación puede ser compensada con la inserción de un diferencial que ya existe como accesorio opcional, el cual se monta en la versión americana.

 

Pasado los primeros momentos de aprendizaje, nos adentramos por unos caminos selváticos en los que descubrí a un increíble trepador. De verdad, sube de una forma increíble, es como si no le costara ningún esfuerzo, gracias a la distribución de los pesos y de un motor muy perseverante.

 

En medio de estos caminos, nuestros recelos se transformaron en un auténtico diluvio, incluso llegando a granizar. Os puedo asegurar que me acongojé un poco al ver la que estaba cayendo y al encontrarme en medio de un monte que no conocía y con un buggy que no sabía hasta donde podría dar de sí.

 
 

Miré a Daniel y le vi tranquilo, como si supiera que no iba a pasar nada. Seguimos nuestro camino, totalmente empapados y los buggies como peces en el agua, humeando y pidiendo más guerra todavía. ¡Os puedo decir que aluciné! Agua, agua y más agua, que trajo una cantidad ingente de barro, barro que saltaba por todos los lados. Ya no quería que parara de llover, me sentía seguro y la adrenalina se mezclaba con el barro, haciendo de mí un ser deseoso de aventura, sintiéndome dentro de la misma Naturaleza.

 

La lluvia empezó a darnos un respiro y regresamos al punto de partida, esta vez por carretera, medio en el que se desenvuelve sin problemas, si se tiene cuidado con el asfalto mojado.

 

Finalmente apagamos los motores, dándoles un merecido descanso. Tras lavarlos, inspeccioné el estado en el que habían quedado los buggies y no encontré nada fuera de su sitio, es más, podría decirse que estaban tal como los cogimos horas antes. Ni un tornillo suelto, ni los pilotos vencidos, ninguna conexión del motor suelta, nada.

 

Después de esta toma de contacto, mi afición por los buggies, sin duda alguna, no ha hecho más que crecer.

 
Borja Nogueiras